
Por: Ernesto Altamirano
SAN FRANCISCO, CA – El Concierto Comunitario del Día de los Muertos se ha convertido en toda una tradición para la Sinfónica de San Francisco y durante el mismo se celebra la musica mexicana, al igual que sus tradiciones. Y para su Décimo Aniversario, la popular cantante mexicana Eugenia León acompaño a la sinfónica para una velada inolvidable.
La Muerte es un tema trascendental que ha inquietado a los seres humanos desde tiempos remotos. Cada individuo asume una postura y actitud particular ante la muerte, evento que para unos constituye el final absoluto de la vida y para otros la culminación de un ciclo y el inicio de una nueva etapa, en un sistema dimensional y orden de cosas distinto. En México, desde hace siglos es conmemorado el Día De Muertos, periodo especial en el que los creyentes en la vida después de la muerte, realizan pintorescas ceremonias, elaboran altares y ofrendas dedicados a seres queridos que fallecieron tiempo atrás.

Los altares y ofrendas de Día de Muertos representan una de las tradiciones emblemáticas del pueblo mexicano. Su origen se remonta a la época prehispánica y con el paso del tiempo ha evolucionado, adquiriendo diversos elementos y matices. Para los antiguos pueblos prehispánicos, el acto de morir era el principio de una nueva etapa, el fin de un ciclo y el inicio del fascinante viaje hacia Mictlán, el reino de los muertos.
Los creyentes echan mano de su imaginación para elaborar las ofrendas, plenas de color y simbolismo. En ellas, son objetos esenciales las veladoras, el incienso, cruces de sal o de ceniza, papel de china picado, flores de cempasúchil, fotografías y objetos personales que algunas ves pertenecieron al difunto, juguetes para los niños fallecidos, frutas, agua, bebidas que eran preferidas por el hoy occiso, calaveritas de dulce, chocolate o ajonjolí, delicioso pan de muerto y varios otros elementos. Los alimentos son indispensables en la ofrenda para agasajar a las almas de los fallecidos, así que en ella no faltan los deliciosos tamales, mole con guajolote y el pan de ofrenda también conocido como pan de muerto. Éste último es elaborado a base de harina de trigo, levadura, huevos, anís y azúcar. Los panaderos le dan forma redondeada, con pequeñas figuras que asemejan huesos cruzados, espolvoreando toda la superficie con azúcar.

Los dulces son un elemento esencial en las ofrendas de Día de Muertos, y en México existe una amplia variedad. Los dulces de muertos pueden ser a base de azúcar, chocolate, higos, biznaga, tejocote, caña, alfeñique, amaranto, guayaba, pepita de calabaza, etcétera. La ofrenda estaría incompleta sin las bebidas que eran del gusto de los difuntos. Algunas personas colocan sabroso chocolate caliente en taza o atole de maíz al que se agrega leche, piloncillo y canela. En estados como Tabasco se acostumbra el “pozol”, que es una bebida a base de maíz cocido y piloncillo. En Chiapas se prepara el “tascalate”, bebida a base de cacao, maíz, canela, piñones y achiote. Actualmente, no faltan aquellos que agregan a la ofrenda de los adultos, una que otra bebida alcohólica, pues como decía el gran Lalo González “Piporro”: “¡Los mexicanos tienen carburador universal, queman todo, desde pulque hasta mezcal!”, y pues las almas de los difuntos no son la excepción.
La Sinfónica de San Francisco tiene una gran serie de conciertos programados para el resto del 2017, visiten su sitio oficial para más detalles: https://www.sfsymphony.org
