La Película Ganadora del Oscar por “Mejor Actriz” THE FAVOURITE se Estrena Mañana en Blu-Ray y DVD – ¡Lee Nuestra Reseña!

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Por: Ernesto Altamirano

The Favourite es una compleja y genial reflexión de Yorgos Lanthimos sobre el irremediable patetismo del poder. La trama de The Favourite gira en torno a la historia verídica de la reina Anne de Inglaterra, Escocia e Irlanda a principios del siglo XVIII. Esta controversial reina ocupó el trono de Inglaterra durante 12 años, peleó una guerra cruenta contra España y Francia, vio morir -al nacer o antes de los dos años- a 17 hijos y sufrió espantosamente por ataques de gota. Fue la última descendiente de su linaje, una reina querida por el pueblo, conservadora, profundamente enamorada de su marido y siempre rodeada por una favorita.

En un momento, la favorita de la reina fue una mujer extremadamente poderosa: Sarah Churchill, duquesa de Marlborough (y, sí, antepasada del famoso primer ministro inglés durante la etapa más cruenta de la Segunda Guerra Mundial). Pero, bajo las narices de Sarah, la reina comenzó a encariñarse con una nueva protegida: Abigail Hill. Hill era un sirviente de pasado noble que se convertiría en la Baronesa de Marsham cuando la reina, sin que nadie se enterara -ni siquiera su confidente Sarah- la casó en secreto con el Barón Samuel Marsham. Posteriormente, tras diferentes rencillas políticas, Sarah Churchill fue reemplazada definitivamente por Hill que adquirió un enorme poder dentro de la corte de la reina Anne.

Tanto Sarah Churchill como Abigail Hill tenían preferencias políticas: la primera se inclinaba más hacia los conservadores Tories encabezados por Lord Godolphin en el parlamento; la segunda hacia los liberales Whigs encabezados por Robert Harley. Así, ambas ponían en juego una amistad con la reina para guiar el destino de un país en guerra con Francia y España por una vieja disputa de sucesiones monárquicas.

En la película, todo este contexto se concentra en la tórrida relación de la Reina Anne (Olivia Coleman) con su vieja amiga y confidente Sarah Churchill (Rachel Weisz), pero, aquí, los guionistas Deborah Davis y Tony McNamara añadieron un elemento más disruptivo a la relación: un romance lésbico entre la reina y su protegida. En todas las versiones históricas en donde se ha especulado sobre el lesbianismo de la reina Anne las conclusiones son las mismas: es algo bastante improbable. Sin embargo, la idea de una competencia política que se desdobla, también, en una competencia amorosa y de celos en una corte manierista es demasiado tentadora para la ficción.

Ahí es donde interviene la llegada de la joven y muy azotada Abigail Hill (Emma Stone). Hill pertenecía a una familia noble hasta que su padre, un rico comerciante, perdió todo su dinero -y a su hija- en las apuestas. Ahora, desesperada por ganarse un lugar en el mundo, llega a la corte para rogar por un empleo con su lejana pariente, Sarah Churchill. Mal recibida al principio, la encantadora joven comienza a hacerse un camino hasta la calurosa cama de la reina. Y la disputa de celos, pasiones encontradas, verdades que duelen y mentiras que curan, comenzará en este triángulo enmarcado por rencillas políticas y una lejana guerra de la que sólo se escuchan rumores.

En The Favourite el guión preciso y culto de Deborah Davis (que empezó a escribirse en los años noventa) y Tony McNamara no emplea los mismos giros lingüísticos a los que nos ha acostumbrado este director. Al contrario, aquí vemos una mezcla totalmente ágil de humor cortesano (en la disputa común entre el Humor y el Witde los ingleses y el Esprit de los franceses) y profanidades contemporáneas. Lo extraño, a nivel del guión, es el enorme manierismo de los diálogos que se mezcla con un nivel de obscenidad poco esperado entre elegantes cortesanos ingleses. Pero la sensación de desplazamiento, de extrañeza, tan típica de Lanthimos no se da en The Favourite, principalmente, en el lenguaje.

En esta cinta, Lanthimos ejecuta sus extraños desplazamientos a través de otros medios técnicos. Uno de ellos es el manejo de los actores a partir de un casting magistral. Sabemos ya que Lanthimos no acostumbra trabajar con crews amplios: prefiere no utilizar iluminación y eso reduce considerablemente el tamaño de sus sets y de sus equipos. Al no tener que resetear la luz, al no utilizar maquillistas ni estilistas en el set, Lanthimos puede permitir que los actores repitan una y otra vez, sin interrupciones las escenas. Y esto crea ambientes únicos, íntimos, de confianza en sus películas: los actores se sienten cómodos y pueden trabajar hasta la perfección la plasticidad de los diálogos.

Finalmente, el trabajo de Johnnie Burn (Under the Skin) como diseñador de audio completa un soundtrack atascado de elementos barrocos entre el quinteto para piano de Schumann, Bach, Vivaldi, Schubert y alguna canción de Purcell mezclado con intromisiones de arreglos por Elton John y frecuencias de ecualizadores que pautan tiempos imprecisos. Dos notas respondiéndose hasta el hartazgo que recuerdan, frente al suspenso recompensado de Jaws, la impaciencia de algo que nunca llega a ocurrir en las Didascalies de Luc Ferrari. En la música y su comportamiento desigual está la imagen de la rareza imprecisa de Lanthimos: la escena del baile nos muestra el manierismo de un salón inglés que se rompe, de pronto, en una extraña danza entre Sarah Churchill y el Barón Marsham que sólo puede ser descrita como travoltesca.

Toda esta rareza, todas estas excentricidades, sirven siempre, en el cine de Lanthimos para desautomatizar la experiencia de una idea cotidiana. Y la experiencia cotidiana que aquí se ejemplifica ampliándose hasta el ridículo es la del amor y el poder, la fortaleza y la fragilidad, lo irremediable y lo trágico . Porque, como alguna vez dijo Pascal, hasta un rey, sin distracciones, puede ser un hombre miserable.

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