Importancia de la enseñanza de las artes a jóvenes estudiantes durante la eduación remota en tiempos de pandemia

remote art

Por: Ernesto Altamirano

Este nuevo año escolar va a empezar de manera remota para la mayoría de nosotros, y la responsabilidad de enseñanza crece cuando los estudiantes son seres humanos en formación: niños, niñas y adolescentes que tienen casi todo que aprender sobre el funcionamiento del mundo.

Algunos profesores de escuela enseñan cómo funciona el mundo a través de las ciencias. Otros se dedican a explicarle a sus alumnos y alumnas cómo funcionan las sociedades a las que se enfrentarán cuando sean adultos. Muchos de estos conocimientos son vehiculares: las universidades y el mercado laboral le abren las puertas de par en par a quienes dominen el inglés, el debate o la química. Por eso algunos padres buscan que sus hijos vuelvan a casa con boletines impecables en esas áreas.

Los profesores de artes tienen varios roles fundamentales en la formación de un escolar. Mientras en otras áreas el docente ayuda al estudiante a conectarse con las necesidades del mundo exterior, que en situaciones como la actual se muestra tan caprichoso y cambiante, el de artes trabaja en la conexión de un ser humano con su propia sensibilidad. Un humano sensible será más consciente de sus necesidades y de las ajenas.

Les presentamos las historias de algunas personas involucradas con la enseñanza de las artes a niños en edad escolar sobre la adaptación a la virtualidad en tiempos de pandemia y la importancia del arte en la formación de los niños.

La profesora Katherine Torres enseña violín y viola en dos escenarios distintos y a ellos se tuvo que adaptar según las lógicas de cada clase y las posibilidades de los estudiantes. Uno de ellos es un colegio privado, que es propiedad de una caja de compensación, al que asisten estudiantes de todas las condiciones socioeconómicas. Para seguir enseñando desde casa a aquellos que no pueden permitirse el instrumento, Katherine recurrió a aplicaciones para celular que recrean de alguna forma la experiencia de interpretarlo: “luego de haber descargado la aplicación, ellos tienen que ponerse el celular sobre el hombro izquierdo, con la mano izquierda digitan el diapasón y con el índice de la derecha mueven el arco”. La estrategia parece funcionar: “están tan comprometidos que, cuando la sesión de Zoom se corta, ¡siempre vuelven!”, cuenta emocionada.

En el segundo escenario, Katherine interactúa con pequeños aprendices de conservatorio. Todos ellos cuentan con su instrumento y estaban aprendiendo mediante el método Suzuki, en el que es importante la presencia de los padres y la dinámica con los otros niños aprendices. Ella tenía que ayudar a los niños a afinar sus instrumentos; como ya no puede, los padres aprendieron a afinarlos mediante tutoriales hechos por ella. Los recitales de grado también cambiaron: la sala de la casa se convirtió en auditorio y estudio de grabación para que el niño, con apoyo técnico y moral de su familia, introduzca su obra y la interprete.

Aunque el Ministerio de Educación Nacional ya incluyó a la educación artística entre los derechos de aprendizaje, Katherine dice que al profesor de artes le importa más cómo se siente el estudiante: “de alguna manera, el estudiante encuentra en el profesor de artes a un amigo del que pueden hablar de cualquier cosa; incluso, cosas que no les cuentan a los papás”.

Katherine considera que los profes de artes son héroes en esta época de caos y reconoce, de manera especial, a los profesores que están haciendo el esfuerzo por adaptarse a tecnologías que les eran ajenas hasta hoy: “Gracias por dar a los estudiantes el espacio de sentir y crecer”, expresa.

Diana Luna es profesora de artes plásticas. Para ella, los profesores de artes tienen a su favor el efecto sorpresa de las temáticas: los estudiantes siempre se asombran “luego de ver el resultado de la mezcla entre dos colores o las formas que se obtienen tras cortar un trozo de papel de cierta manera”. Otro elemento que le ayuda es que las clases requieren de la práctica y son una oportunidad de tener una experiencia inolvidable. Por eso ha decidido impartir menos clases teóricas, sin dejarlas de lado del todo, y dar la oportunidad de experimentar. De esto se ha valido para mantener el interés de sus grupos en época de virtualidad.

El trabajo de artes fuera del aula requiere establecer cierta disciplina. Un salón de artes y las reglas establecidas allí predisponen al estudiante al trabajo manual, pero los espacios donde ahora toman las clases no están adaptados para ese fin y, por la contingencia, suelen contar con la presencia de los padres. Como no todos los hogares son iguales ni tienen las mismas reglas, un reto adicional es el de alentar la creación de hábitos para que no se pierdan los progresos.

A Diana no le interesa tanto que sus estudiantes sigan sus pasos algún día. Para ella, la misión se ha cumplido cuando entrega a la sociedad a un humano sensible: “Más que preocuparme por la técnica o por la historia del arte, me interesa que pueda compartir sus sentimientos y, cuando el otro siente dolor, pensar en cómo ayudarlo o apoyarle”.

El mensaje que ella extiende a sus colegas es el de resistir, mantener el buen trabajo desde casa y enviar optimismo a sus estudiantes. “En todo momento doy las gracias por las herramientas que tengo para seguir en contacto con mis estudiantes hasta que por fin pueda volver a abrazarlos”, dice.

En colegios que cuentan con certificaciones de calidad, los profesores deben entregar una planeación de actividades antes del comienzo del año lectivo. Esta define cuándo se impartirán los temas, qué trabajos se van a pedir y cuáles serán los criterios de evaluación. El coronavirus no entiende de derechos de aprendizaje, pero los estudiantes de Julio Mora se las han arreglado con lo que encuentran en casa.

El colegio donde Mora imparte sus clases trabaja por proyectos, y tiene a su cago los de arte tridimensional: esculturas y moldeados. En el colegio, los estudiantes encuentran las herramientas que necesitan para moldear. Pero al haber quedado encerrados sin aviso, sin materiales y con papelerías cerradas, la cosa cambia. Por eso condujo a invitarlos a crear con lo que tuvieran a la mano y recibir retroalimentación desde las sesiones virtuales: “El trabajo ha sido bueno. Los muchachos han estado muy interesados y muy juiciosos; incluso hacen más de lo que se les pide. Imagino que es porque el tiempo transcurre más rápido cuando estás haciendo arte”.

A manera de saludo, el docente recuerda a los profesores de artes que el estrés que su labor genera entre estudiantes, padres y colegas siempre ha sido “un estrés diferente”, uno que va de las manchas del uniforme hasta los temas que no se pueden tocar en colegios de corte conservador. Y, aún así, su labor es siempre visible y siempre comentada. Mora piensa que el trabajo artístico ayuda a los humanos en formación a reconocer las diferencias del otro: “hacer que un ser humano sea sensible a cualquier tipo de arte lo hace un ser amplio, que se identifica con su cultura y la distingue de otras”.

Plataforma virtual, cartillas impresas con apoyos digitales en memorias USB y programas complementarios de radio en alianza con la RTVC, emisoras militares y comunitarias: esta es la forma en que la Fundación Batuta acompañará el proceso de cientos de estudiantes que han iniciado procesos educativos con la fundación. Los programas radiales, que serán emitidos dos veces por semana, enseñarán sobre la importancia de la música y ofrecerán datos sobre música colombiana.

Algunos de los beneficiarios de esta estrategia nacional son menores que han crecido en serias condiciones de vulnerabilidad. Asistir a Batuta era su oportunidad de conocer personas, tejer una red de apoyo y salir de entornos difíciles. El acompañamiento constante de la fundación mediante estas estrategias es un apoyo crucial para que sobrelleven este periodo difícil.

María Claudia Parias, la directora de Batuta, considera a la educación artística un elemento fundamental en el desarrollo integral de las personas. Entre los beneficios que enumera, además del desarrollo lingüístico, matemático y creativo, está el desarrollo del pensamiento crítico: “La práctica artística genera ejercicios importantes de reflexión sobre el sentido de la realidad”. Ella añade que la educación musical, en especial la que se imparte de forma colectiva, también enseña valores como el trabajo en equipo, la apreciación por la experiencia, el manejo de las emociones y la gestión de los recuerdos de vida.

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