Cuatro películas latinoamericanas recomendadas para ver en el hogar

Cuatro películas latinoamericanas recomendadas para ver en el hogar

689022_1Por: Ernesto Altamirano

Muchos de nosotros estamos tratando de encontrar nuestro lugar en esta nueva realidad, y las siguientes película están recomendadas ya que están centradas en personajes que buscan encontrar su lugar en el mundo

Temporada

Director: André Novais Oliveira

País: Brasil

Año: 2018

Duración: 112 min

Disponible en HBO GO 

Decían los neorrealistas italianos que para captar la realidad era necesario “una búsqueda minuciosa, incansable y paciente”, y eso ofrece esta película, aunque esos términos quizás sean demasiado pesados para su toque ligero y ojo agudo. La protagonista es una mujer que acaba de mudarse a un pueblo tras haber sido contratada en una campaña estatal contra el dengue. Su marido ha quedado en la ciudad anterior y ella lo llama sin que le responda. La cinta, hermosamente, sigue a esta mujer y su paso de una situación temporal a una más cercana a lo permanente, con lo que implica tanto a nivel material, en cuestiones de casa y objetos, como social, en su camino a insertarse y hacer parte de un tejido humano en el que es posible la confianza y la amistad, la alegría y la esperanza, las charlas y los silencios tranquilos. Gracias a su lentitud y cuidado este filme brasileño es una pequeña joya humanista. 

Alelí 

Directora: Leticia Jorge

País: Uruguay

Año: 2019

Duración: 88 min

Disponible en Netflix 

Los dramas explícitos que la película anterior evita son el asunto central en esta. Alelí es el nombre de la casa familiar que tres hermanos –un hombre y dos mujeres– y su madre mayor están a punto de vender para que un urbanizador la tumbe y reemplace por un pequeño conjunto cerrado. Cada uno de los puntos de este cuadrado aparece dibujado con precisión: la madre, que, a pesar de su edad, no quiere ayuda; la hermana mayor exitosa; el hermano del medio, que heredó el negocio del padre y nunca ha logrado salir de su sombra; y la hermana menor, que siempre llega tarde y parece incapaz de dirigir su vida. Con gritos, llanto, abrazos y reclamos, la cinta ofrece un retrato humorísticamente negro de unas dinámicas familiares extremas, que revelan la variedad de tonalidades emocionales, de rencores y perdones a medias, nutridos por la historia común de estas cuatro personas.

Restos de viento 

Directora: Jimena Montemayor Loyo

País: México

Año: 2017

Duración: 95 min

Disponible en Amazon Prime 

Al igual que la película brasileña, el hilo conductor acá es la búsqueda de una nueva estabilidad tras un periodo de turbulencias. Dándoles especial énfasis a los ambientes y atmósferas, este drama se centra en una familia compuesta por dos niños mexicanos y su madre argentina que están solos en una casa de un barrio de clase media. Sucede en un pasado no muy lejano (antes de que hubiera celulares y computadores, eso sí) y captura las dinámicas de los tres, con la madre en crisis, tomando alcohol y automedicándose, y los niños, jugando en un jardín en donde encuentran un espíritu extraño, que parece inspirado en la mitología de los indígenas norteamericanos. La cámara recorre las interacciones de los tres como si flotara sobre ellas, dando la sensación de un malestar inmaterial que se cuela entre edificaciones y cosas, entre gentes y ropas, y que, quizás por eso, resulta difícil de curar o exorcizar para los personajes. 

Nadie sabe que estoy aquí 

Director: Gaspar Antillo

País: Chile

Año: 2020

Duración: 100 min

Disponible en Netflix 

Un tipo acuerpado vive con su tío en una isla en el sur de Chile, aislado y teniendo apenas contacto con quienes llegan en lanchas llevando pieles de ovejas para curtir o los víveres que necesitan para vivir. Los paisajes amplios y despoblados dan la idea de un aislamiento majestuoso, aunque esa majestuosidad intensifica la soledad de estas personas tan pequeñas rodeadas de agua y montañas. Poco a poco, la película comienza a revelar la historia de este tipo de porte singular, que habla español con acento inglés y que se mueve por ahí con la cabeza baja, entre huraño y amenazante. Es un retrato sobrio y sombrío que no despliega el rigor misantrópico de otras películas de su productor Pablo Larraín (El club, Tony Manero, Ema), pero que sí vuelve sobre algunas de sus inquietudes recurrentes: la opresión de la soledad, la alienación de la fama, las posibilidades de la redención.

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