La cuarta celebración de “Women’s Night Out” de la Monterey Symphony en el Sunset Center de Carmel resaltó el espíritu creativo y emprendedor de la mujer

Por: Ernesto Altamirano

La pasada noche del sábado 16 de abril se llevó a cabo la cuarta celebración de “Women’s Night Out” de la Monterey Symphony en el Sunset Center de Carmel, la cual resaltó el espíritu creativo y emprendedor de la mujer.

Citando a Luisa González Reiche, el proceso creativo de una mujer es único como resultado de la historia y de nuestra visión. Valorar los alcances de las mujeres creativas no sólo por su valor artístico sino por constituir también un acto de liberación, transgresión y recuperación de nuestra identidad en la historia es fundamental para seguirnos abriendo espacios y ampliando nuestras posibilidades de creación.

Muchas veces hemos escuchado decir que la imaginación vale más que el conocimiento, que lo más importante es pensar “afuera de la caja”. Sin embargo, la imaginación, y más específicamente la creatividad, necesita nutrirse de conocimiento. En otras palabras, no podemos pensar “afuera de la caja” si contamos con una caja, para empezar.

La creatividad, entonces, tiene el valor de ser el resultado trascendental del conocimiento: es la reconstrucción o la reinvención que puede hacerse de algo dentro de determinada disciplina, tras tener un completo dominio sobre ello. Esto significa que la idea de que la creatividad está desligada del conocimiento o que basta con ser creativo para desarrollar grandes cosas es errónea. El trabajo, la disciplina y el compromiso conforman ese lugar en el que la creatividad nace.

La creatividad también es el motor del conocimiento. Es gracias a la creatividad que podemos inventar nuevas posibilidades, que se da la ruptura, que surgen obras únicas y maravillosas, y ese resultado se convierte en un nuevo conocimiento.

Por mucho tiempo se nos hizo pensar que la mujer no tenía el mismo “genio” o la misma capacidad creativa que un hombre, pues en la historia no había mujeres que hubieran alcanzado el nivel de un Miguel Ángel, un Van Gogh o un Picasso. Sin embargo hoy sabemos que la desigualdad imperante en las sociedades occidentales a lo largo de toda su historia privó a las mujeres del sistema del arte, comenzando por las academias o la formación artística. No teniendo el conocimiento o entrenamiento requerido, sus posibilidades estaban, de entrada, limitadas. ¿Cómo iban las mujeres a desarrollar grandes obras de arte si no contaban con los conocimientos requeridos para hacerse expertas en el medio? Las pocas mujeres artistas que encontramos en la historia, previa al siglo XX, son hijas o parejas de artistas que si bien tuvieron acceso a cierto aprendizaje, se limitaron a la creación de obras acerca de temas determinados como naturalezas muertas, animales o paisajes. Aún así sus alcances son extraordinarios. Los referentes artísticos femeninos con los que contamos hoy son maravillosos no sólo porque sus logros lo fueron sino porque trascendieron a pesar de todo.

Hoy contamos con una tradición mucho más amplia de mujeres artistas, de mujeres creativas en general, que han roto paradigmas y transformado o definido géneros enteros en la literatura, en la pintura, en la escultura, en la fotografía y en muchas otras ramas y disciplinas, incluyendo los negocios al convertirse en exitosas emprendedoras, las cuales muchas tomaron parte de la celebración de “Women’s Night Out” de la Monterey Symphony la noche da ayer. Esa libertad que muchas mujeres descubrieron en el arte les dio la posibilidad de descubrir algo que antes les había sido limitado y trascenderlo. La transgresión que el arte permite es una transgresión que surge naturalmente en el proceso creativo, es genuina, es personal –si bien no individual–, es radical la mayoría de las veces. Es por eso que la mujer artista –una Frida Kahlo o Ana Mendieta, Rina Lazo o Luz Méndez de la Vega, Margarita Carrera, Regina José Galindo– experimenta profundamente un sentimiento de libertad; es por ello que su obra es producto de ello. Muchas  mujeres lo siguen haciendo hoy en sus propias comunidades y culturas, incluyendo aquí mismo en la Peninsula de Monterey, y su trabajo creativo y emprendedor consiste en múltiples actos de liberación. Basta girar la vista y mirarlas con atención.

Muchas mujeres que se desarrollaron en las artes constituyen ejemplos de liberación para muchas otras mujeres en otras áreas. Son modelos a seguir en el sentido que no sólo yendo contra la marea lograron establecerse en el medio sino también por su insistencia y necedad en ser fieles a sí mismas, a sus ideas, a su proceso creativo.

El impulso creativo es algo humano. Como sabemos, no es algo que habita solamente en las artes, es algo que experimentamos desde pequeños y que en momentos de profunda concentración suele aparecerse e impulsarnos en direcciones no planeadas, muchas veces no controladas pero dando paso usualmente a resultados sorprendentes y a una emoción sin igual. Sin embargo ese impulso muchas veces es acallado por otras personas, por la rutina, por nuestros mismos temores. El miedo a fracasar, el miedo al “qué dirán”, el miedo a enfrentarnos con nosotros mismos, es nuestra versión más directa y pura, nos detiene y nos obliga a engavetar ideas, a guardar esa fuerza intensa que de otro modo nos habría llevado a un lugar inesperado. El miedo es parte de la creatividad pero no debe acallarla. El miedo, como el conocimiento, puede ser una plataforma para la creatividad, siempre que no se la trague primero.

Muchas mujeres han vivido esto ­y es por lo mismo es que tantas mujeres nos han dado lecciones sobre fortaleza, libertad y creación, y la relación que existe entre estas y el miedo. Es a eso a lo que me refiero con “ver con ojos femeninos”: existe una actitud que podemos llamar femenina en las artes pues la experiencia de la mujer, como resultado de la historia occidental principalmente, ha sido única. La visión femenina -es decir, desde la experiencia de la mujer– es relevante también porque pone en evidencia el amplio espectro de cuestiones que han sido ignoradas por la historia y la academia, se da cuenta que hay un agujero que debe llenarse.

Contamos con grandes artistas mujeres, con creadoras ejemplares y con exitosas emprendedoras, pero aún debemos seguir trabajando en devolverle su historia a la mujer, su identidad histórica, su experiencia en el mundo. Esto es algo que podemos hacer desde nuestro trabajo creativo mismo. Crear con nuestra posición en mente, cuestionar nuestra propia experiencia y despejar el camino que nos permita explorar la realidad y la historia de una manera distinta, sin miedo. El arte, y la creatividad en general, nos permite precisamente eso.

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