El Orpheum Theatre de San Francisco le dió la muy anticipada bienvenida a MOULIN ROUGE! THE MUSICAL de BroadwaySF

Por: Ernesto Altamirano

La pasada noche del viernes 9 de septiembre, MOULIN ROUGE! THE MUSICAL tuvo su muy anticipada nochde de estreno por parte de BroadwaySF en el Orpheum Theatre de San Francisco. MOULIN ROUGE! THE MUSICAL nos transporta a un mundo de esplendor y romance, de excesos alucinantes, de ostentación, grandeza y gloria! Un mundo donde los bohemios y los aristócratas se codean y se deleitan con un encanto electrizante.

La película revolucionaria de Baz Luhrmann cobró vida de manera vibrante y espectacular en el escenario del Orpheum Theatre, remezclada en una nueva extravagancia de mezcla musical. MOULIN ROUGE! THE MUSICAL fue una celebración teatral de la verdad, la belleza, la libertad y, sobre todo, el amor.

MOULIN ROUGE! THE MUSICAL es una fiesta para los ojos y los oídos. El diseño del escenario es posiblemente el mejor que he visto en mi vida y realmente sube el listón de lo que se puede hacer en el escenario. La música tiene algo para todos, mezclando todo, desde Pink hasta Adele e incluso Nirvana en ingeniosas mezclas. Fue un gran espectáculo repleto de brillo y confeti, ganador del premio Tony

Este glorioso espectáculo es el rey de todos los musicales de rockolass. Las melodías de la música pop se utilizan como pinceladas para crear un retrato impresionista de una Francia cinética de la época de la Belle Epoque. Las melodías vienen a tu ritmo rápido y furioso. Así como identificaste un gancho musical para cierta canción pop, la siguiente melodía ha aparecido para trabajar su magia auditiva.

MOULIN ROUGE! THE MUSICAL nos transporta justo antes del cambio de siglo veinte. Christian (Conor Ryan), un soñador idealista y compositor de Lima, Ohio, acaba de salir del barco y busca dejar su huella en la sociedad bohemia. Inmediatamente conoce al apasionado dramaturgo/artista Toulouse-Lautrec (Andre Ward) y al fogoso coreógrafo argentino Santiago (Gabe Martínez). Tanto la pasión de los hombres por la vida como todo lo bohemio (es decir, su mantra de verdad, belleza, libertad y amor en el ) son solo el tónico que Christian busca en su búsqueda para encontrarse a sí mismo.

“Esta es una vida difícil la que llevamos, pero tenemos nuestro honor”, le dice Toulouse-Lautrec a Christian antes de que él y Santiago irrumpan en “Royals” de Lorde (que fluye a la perfección en “Children of the Revolution” de T-Rex seguido de la voz altísima de Christian en Fun’s “Somos jóvenes”).

El “diamante resplandeciente” del club, Satine (Courtney Reed) hace una impresionante entrada a “Diamonds are Forever” de Shirley Bassey antes de entrar en la melodía familiar de la película “Diamonds are a Girl’s Best”. Amigo” es una opción interesante; un momento sombrío -casi un monólogo interior que la cantante está teniendo consigo misma, como si tratara de hacer las paces con lo que ha tenido que hacer para pasar por esta vida. Ella ya se comprometió con el Duque de Monroth (interpretado por David Harris), quien, a pesar de que nos lo presentó musicalmente con el éxito de Rolling Stone “Sympathy for the Devil”, en realidad es menos el villano que hace girar el bigote que era en la película gracias a la actuación matizada de Harris aquí. Es posesivo, claro, y aunque ha asesinado a personas que se le han cruzado antes, quiere reclamar el “diamante brillante” del Moulin Rouge como suyo y rescatarla de la vida de pobreza extrema.

El Christian de Ryan comienza con un gran optimismo y cambia rápidamente a un profundo amor por Satine, seguido de angustia. Su súplica de clarín en “Roxanne” de The Police se convierte en ira por la traición de “Rolling in the Deep” de Adele. Este último se canta con tanta convicción que uno se pregunta si Ryan debería tener su propia residencia en Las Vegas en lugar de la del cantante británico. Él es así de bueno.

La Satine de Reed, aunque endurecida por las circunstancias de su crianza, está decidida a ganarse la mejor vida posible para ella y los que la rodean. Ella y Ryan comparten una química intensa y ambos pueden igualarse en destreza vocal.

Como el maestro de ceremonias Harold Zidler, Austin Durant es la imagen especular de Satine. Endurecido por el mundo que lo rodea, es capaz de activar su naturaleza sociable a voluntad. Él es más que capaz de hacer que la multitud se ponga de pie y su baile con el hada verde de la absenta (al ritmo de “Chandelier” de Sia) definitivamente se destaca.

Como Toulouse-Lautrec, la versión de Ward de “Nature Boy” (grabada tanto por Nat King Cole como por David Bowie) agrega algo de profundidad a un personaje que en la película existía como una mera caricatura. Ahora una canción de su amor no correspondido con Satine, es un momento de teatro sombrío pero hermoso. La intimidad del momento contrasta marcadamente con el resto del espectáculo (lo cual, es decir, es tan exagerado que puede haber dado varias vueltas). Momentos como estos afortunadamente fundamentan el espectáculo.

“Backstage Romance”, el popurrí que abre el segundo acto y presenta una cita prohibida entre el coreógrafo Santiago y la bailarina de Rouge Nini (Libby Lloyd) es otro punto destacado. Crepita con tensión sensual y sexual y es otra demostración del talento de Levine como arreglista. Se construye desde un dúo hasta un número de conjunto completo que inyecta calor y energía al espectáculo, el cual no se lo deben perder durante sus presentaciones en el Orpheum Theatre de San Fracisco, las cuáles se llevarán a cabo hasta el 6 de noviembre.

Visiten el sitio oficial de BroadwaySF para más información y comprar boletos: broadwaysf.com

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